lunes, 1 de febrero de 2010

Yo amé a una mujer blanca

Yo amé a una mujer blanca
que guardaba en los brazos catorce marcas
de amores pasados, mas siniestros que la guerra.

De cartón venia acompañada, en papel a veces se guardaba,
y su piel de torpe mojigata
entorpecia mis palabras.

Aún se esconde de la mañana.
Se graduo de porrista de un joven Gardel.
Todavia apunta a la esperanza de un beso sin pies.

LLego sin preguntarselo a nadie
Casi cual lluvia en Buenos Aires.
Barajo nuestros sueños sin consultar.
Ofreciendome el cielo, y todo lo demas.

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